El Memorial Pozo María nació como un evento deportivo, pero desde su primera edición demostró ser mucho más que un torneo de fútbol base. Incluso en condiciones climatológicas adversas, el Memorial fue un éxito rotundo, gracias a la combinación de tres elementos esenciales que definen su identidad: deporte, historia y turismo.
Desde su origen, el Memorial Pozo María ha reunido a cientos de niños y niñas procedentes de clubes de distintos puntos del país. En su primera edición participaron más de quinientos jugadores pertenecientes a dieciocho clubes, algunos de ellos de primer nivel, como el Real Madrid, la Cultural y Deportiva Leonesa o la SD Ponferradina.
La elevada participación, el nivel deportivo y la respuesta del público confirmaron desde el inicio la dimensión nacional del torneo y sentaron las bases de su continuidad.
El Memorial Pozo María ha supuesto, desde sus inicios, una proyección turística sin precedentes para el Valle de Laciana. Familias, entrenadores y acompañantes descubrieron el municipio y su entorno con motivo del torneo, marchándose con una imagen muy positiva del territorio.
La organización apostó desde el primer momento por implicar a la economía local, estableciendo turnos de comidas en los restaurantes de la zona para los equipos participantes, lo que generó una importante inyección económica para la hostelería y el comercio local durante todo el fin de semana.
Un memorial ligado a la historia minera del municipio
El Memorial Pozo María tiene una razón de ser profundamente arraigada en la historia de Villablino y de Laciana. El torneo rinde homenaje a los diez mineros fallecidos el 17 de octubre de 1979 en el Pozo María, en uno de los episodios más trágicos de la minería local.
El recuerdo de los diez de la capa trece y el reconocimiento a sus familias forman parte inseparable del Memorial y le otorgan un significado que trasciende lo deportivo.
Durante aquel primer Memorial, unas tres mil personas se dieron cita a lo largo del fin de semana, llenando las gradas del campo de fútbol de Los Quiñones, en Caboalles de Abajo, epicentro del torneo, y también del campo de Villaseca, donde se disputaron numerosos encuentros.
Uno de los momentos más emotivos fue el acto de homenaje a las víctimas del Pozo María, con la interpretación del Santa Bárbara Bendita por el coro La Chaniecha, la lectura de los nombres de los fallecidos y la entrega de placas conmemorativas a sus familiares, acompañados por la banda de cornetas y tambores del Cristo de los Mineros.
Fútbol, convivencia y reconocimiento deportivo
El Memorial combinó emoción y competición. En la categoría benjamín, el Real Madrid se proclamó campeón, recibiendo no solo el trofeo (una réplica del castillete del Pozo María), sino también el reconocimiento del público por su comportamiento deportivo y humano.
La valoración positiva de clubes, entrenadores y participantes reforzó la idea de que el Memorial Pozo María debía tener continuidad, convirtiéndose en una cita fija del calendario del fútbol base.
El éxito del Memorial Pozo María fue posible gracias a la implicación de padres, entrenadores, delegados y voluntarios, que trabajaron durante meses con mimo y dedicación para cuidar cada detalle de la organización.
A ello se sumó el apoyo incondicional del Ayuntamiento de Villablino, así como la colaboración de personas estrechamente vinculadas al territorio y al fútbol base, que contribuyeron a consolidar el proyecto desde sus inicios.
El espíritu que sigue vivo hoy
Ese primer Memorial Pozo María sentó las bases de lo que hoy es el torneo:
un evento deportivo consolidado, con dimensión nacional, impacto social y un profundo respeto por la memoria minera de Laciana.
Un memorial que une fútbol base, territorio e identidad, y que edición tras edición sigue creciendo sin olvidar su origen.